La Mallorca que conocen los locales: del partido de pádel al tardeo en Santa Catalina

Hay algo que pasa mucho con el pádel y que no se cuenta lo suficiente: empiezas buscando un partido y acabas encontrando amigos. A veces incluso algo más, pero eso ya lo dejamos para otro capítulo.

Este deporte no solo se juega dentro de una pista de 20 por 10. El pádel continúa en la terraza del club, en los grupos de WhatsApp, en los torneos, en los cafés antes del partido, en las cervezas después y, si el día se complica bien, también en el tardeo.

Porque en Mallorca hay deportes oficiales y deportes no oficiales. El pádel es oficial. El tardeo en Palma, especialmente en Santa Catalina, debería estar federado.

El pádel: ese deporte donde entras a jugar y sales con agenda social

Yo llegué al pádel después de muchos años vinculada al baloncesto. Pensaba que venía a practicar un deporte. Pero pronto entendí que el pádel era también una red social, solo que, con pala, cristal y mucho menos filtro.

En una misma semana puedes jugar con alguien que acabas de conocer, terminar compartiendo mesa con esa persona, entrar en otro grupo de jugadores, apuntarte a un torneo y recibir el clásico mensaje de: “nos falta una para mañana, ¿te apuntas?”.

El pádel tiene esa capacidad de mezclar gente: locales, extranjeros, residentes recién llegados, amigos de amigos, parejas mixtas, grupos de empresa, jugadores que vienen del tenis, otros que vienen del sofá y algunos que parecen haber nacido haciendo bandejas. Y en Mallorca eso se multiplica.

La isla es pequeña, pero el mundo del pádel se extiende de una forma brutal. Al final, te cruzas a la misma gente en la pista, en otro club, en una terraza, en un torneo… o en Santa Catalina un sábado por la tarde.

Y ahí llega la gran verdad mallorquina: A veces no te encuentras al jugador que te encanta en la pista. Te lo encuentras de tardeo.

Qué es el tardeo y por qué engancha tanto

Para quien no lo conozca, el tardeo consiste básicamente en salir por la tarde a tomar algo, escuchar música, ir de bar en bar y socializar sin esperar a que sean las doce de la noche para empezar a vivir. Es una idea brillante.

Sobre todo para quienes ya hemos superado esa etapa en la que salir a la una de la madrugada parecía un plan razonable.

El tardeo tiene algo muy práctico: empiezas con luz, te arreglas sin drama, tomas algo, ves gente, te ríes, bailas si el grupo se anima y, con un poco de suerte, vuelves a casa a una hora todavía compatible con ser persona al día siguiente.

Quizá por eso ha encajado tan bien entre los jóvenes de treinta y tantos, cuarenta y tantos y todos aquellos que siguen teniendo ganas de salir, pero también cierto cariño por dormir que como yo tienen que estar en la cama antes de las 12h como Cenicienta.

En Palma se ha convertido en un plan muy habitual de viernes y sábado por la tarde. Y si hay un barrio donde se vive especialmente bien, ese es Santa Catalina.

Santa Catalina: donde el tardeo juega de local

Santa Catalina tiene esa mezcla que engancha: mercado, bares, restaurantes, terrazas, calles con vida, ambiente local e internacional y la sensación de que siempre está pasando algo.

Puedes empezar picando algo cerca del mercado, seguir por la calle Fábrica, pasar por la zona de Sant Magí, tomar algo en Bar Cuba, acercarte a Kaelum si el grupo quiere música y terminar descubriendo que aquel “solo una copa” era una frase completamente falsa. A mí me ha pasado.

Una vez salí de tardeo con compañeras de mi equipo de pádel. La idea era tranquila: tomar algo, comentar la temporada, reírnos de algunos partidos y volver a casa a una hora decente.

Por supuesto, nada de eso ocurrió exactamente así.

Empezamos hablando de pádel, como siempre: que si necesitamos mejorar la bandeja, que si en el último partido no cubrimos bien el centro, que si tal pareja juega muy bien cruzado, que si a una le falta entrenar más la salida de pared. Pero el tardeo tiene sus propias reglas. Y cuando acabamos en Kaelum, el análisis táctico ya había pasado a segundo plano.

Bailamos tanto que se me rompió un tacón. Literalmente. Y ahí confirmé algo que ya sospechaba desde hace tiempo: lo mío son las zapatillas de pádel, no los tacones.

Como buena deportista, no me rendí. Seguí bailando descalza. Muy elegante no fue. Muy práctico tampoco, pero divertido, muchísimo.

El problema vino después, cuando tocó volver a casa cojeando, con el tacón roto en la mano y esa dignidad que una intenta mantener cuando sabe perfectamente que al día siguiente las piernas no van a saber si tienen agujetas del partido o del tardeo.

Y eso también es Mallorca.

La pista, la terraza, las amigas, la música, las risas y una anécdota que sabes que te van a recordar durante mucho tiempo.

El tardeo como parte opcional de Grip and Trip

Para mí, este es uno de los encantos de vivir Mallorca desde dentro.

No todo ocurre en los lugares más turísticos. La Mallorca local se vive en esos planes que empiezan de forma sencilla: un partido por la mañana, una comida sin prisa, una ducha rápida, un mensaje al grupo y una tarde por Santa Catalina que nadie sabe muy bien cómo terminará.

Por eso en nuestros paquetes de Grip and Trip damos la opción de vivir el tardeo el sábado por la tarde. No como una obligación, porque también entendemos perfectamente a quien después de jugar prefiere una ducha, una siesta y relax en el Spa.

Pero para quienes tienen ganas de seguir descubriendo Palma, el tardeo es una forma muy local de hacerlo. Después de una mañana de pádel, el plan puede continuar en Santa Catalina: una copa, unas tapas, música, ambiente, conversación y esa sensación de que el viaje empieza a tener historias propias.

Porque al final eso es lo que buscamos en Grip and Trip. Que el pádel sea el punto de partida, pero no el único recuerdo.

La Mallorca que no aparece en una postal

Cuando pensamos en Mallorca, a veces imaginamos solo playas, calas y hoteles bonitos. Pero la Mallorca que conocen los locales también está en otros lugares. En una terraza de club después de jugar. En un grupo de WhatsApp donde siempre falta alguien para completar partido. En una calle de Santa Catalina un sábado por la tarde.

En ese momento en el que alguien dice: “solo una y nos vamos”, y todos sabemos que no es verdad.

Esa Mallorca auténtica y que no aparece en las guías turísticas, es la que nos gusta enseñar en Grip and Trip. Porque jugar al pádel en Mallorca ya es una experiencia fantástica, pero jugar, conocer gente, reírte en la pista y terminar el día en Santa Catalina entendiendo por qué el tardeo también debería contar como deporte… eso es vivir Palma desde dentro.

Y cuidado. Porque igual vienes por el pádel, pero acabas volviendo por el grupo. O por el tardeo. Eso sí: si vienes conmigo, mejor trae zapatillas.